En los 70, tus padres te prohibieron meter el Savestra en casa después de que marcara territorio con aceite sobre la alfombra e intentara aparearse con el Schafter de tu viejo. Este pequeño pitbull destila la potencia y el porte de un deportivo estadounidense en una dosis concentrada de pura rabia, ideal para equiparlo con las modificaciones más salvajes, incluyendo un par de ametralladoras ligeras.