El LM87, una leyenda de las pistas que dominó la resistencia gracias a su velocidad y fiabilidad, ha seguido el camino de todo icono que se niega a pasar de moda: retirarse a Los Santos. Ahora dedica sus días a quemar combustible de alto octanaje, pasearse por Vinewood Boulevard y terminar, como manda la tradición, estrellado en alguna piscina de Rockford Hills.