Algunos vehículos son tan trascendentales que desafían cualquier definición de supercoche, automóvil o incluso las leyes de la física. Para apreciar esta obra maestra como se debe, te recomendamos dejar atrás el interior de cuero de alta gama y el parabrisas de cristal de zafiro, y mirar hacia atrás a la maravilla de la que acabas de bajar a 200 km/h. Solo desde esa perspectiva empezarás a comprender su verdadera gloria.