El diseño automotriz alcanza un nuevo nivel de instinto: la intuición. Subirse al Emerus no es ponerse al volante de un coche, es descubrir una extensión natural de tu propio cuerpo, potenciada por 800 caballos de fuerza. Eso sí, cuando acabes hecho pedazos tras un choque brutal, recuerda que la culpa es toda tuya.