En los años 50, el Vapid Clique era la pesadilla de cualquier padre sobreprotector durante la noche de graduación. Aquel aire de seguridad de posguerra y el aroma a cigarrillo sin filtro lo decían todo: las intenciones de quien estuviera al volante no eran precisamente santas. Esta recreación conserva toda esa mala fama original, pero ahora bajo el capó late una potencia y fiabilidad modernas que elevan a este clásico a otro nivel.