Dinka es sinónimo de hiperdeportivos y máquinas diseñadas para el riesgo, pero su leyenda tiene un solo nombre: el Jester clásico. Lo que nació como un intento de crear un deportivo GT terminó siendo, por accidente, el bólido urbano de carreras más icónico de la historia, capaz de devorar medio kilómetro en menos de diez segundos. Sigue siendo una belleza, todavía tiene la mala leche suficiente para dejarte hecho trizas si parpadeas al volante, y aun así, no cambiarías ni un solo tornillo.