Parece sencillo sobre el papel, pero ¿por qué conformarse con el diseño de un hipercoche cuando puedes fusionarlo con la tecnología de competición más salvaje? Olvida la teoría. Ajusta el asiento, respira hondo y clava el pie en el acelerador. ¿Sientes eso? Es la sensación de haber recorrido kilómetros en un abrir y cerrar de ojos, dejando la física atrás. Ya tienes tu respuesta.