Aunque empezó su andadura en los 60 como un coche compacto, barato y bastante decente, el Vamos vivió una transformación maravillosa: se independizó, se juntó con los V8 y los sedanes aerodinámicos y se convirtió en una auténtica bestia. Con una distancia entre ejes mayor, una parrilla imponente y un capó tan largo y plano que parece diseñado para un romance de verano, el Vamos es hoy la mala influencia que tu garaje estaba pidiendo a gritos.