Inglaterra, 1956. Años antes de que Weeny lanzara el Issi, ese equivalente automovilístico a un café descafeinado con leche desnatada que cambiaría el mundo, la marca se ganaba la vida fabricando vehículos mediocres para gente con sueldos mediocres y trabajos mediocres de los que pronto serían despedidos. El Dynasty es su obra maestra; en 1957 vendieron la patente de su diseño y el subcontinente cambió para siempre.